viernes, 18 de septiembre de 2009

VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO


"Ha llegado a mis manos -nos dice el autor de la página diario de un padre objetor- el video promocional de un ameno documental en el que expertos juristas explican qué es y qué no es la objeción de conciencia .
En dos minutos y medio se sintetiza la naturaleza y las consecuencias de la objeción de conciencia a la EpC."
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Hoy día, una parte de esta sociedad, para pedir nuestros derechos tenemos que explicar hasta lo obvio, es una prueba de buena voluntad, desde luego, pero no creo que se trate de no entender, sino de no querer. Más evidente que es que el ser que está en el seno de su madre es una persona a la que se mata legalmente, no lo hay, pero ellos insisten "con mala voluntad" porque les interesa quitárselo de enmedio. El problema es que ahora quieren quitarse de en medio el alma de nuestros hijos para crear una sociedad a su medida, la de las bestias. Suena duro, ¿verdad?, pero ¿por qué no se le puede llamar a las cosas por su nombre en esta sociedad de la cacareada libertad de expresión? La censura de lo políticamente correcto está en el ambiente, funciona sola y muy pocos se atreven a desafiarla. Sus mecanismos de represión son muchísimo más sutiles que los de las dictaduras burdas, y son mucho más eficaces. Sin embargo, es necesario que alguien cargue con esas penalizaciones y sea capaz de mantener en alto la antorcha de la verdad. En el cuento, hasta que el niño no dijo que el rey estaba desnudo, lo cual era evidente para todos, la cosa siguió como si no lo estuviera.

No sé cuál será la consistencia de las bases de otras personas que hayan objetado, pero los que creemos en Dios tenemos la luz y la fuerza suficiente como para ser testigos de la Verdad. La objeción de conciencia, en nuestro caso, va más allá de la defensa de nuestros derechos, que también. Nosotros tenemos el deber moral de ser luz en medio del mundo, y si no lo hacemos, mereceremos ser echados fuera "para que nos pise la gente".

No valen los cálculos de consecuencias, de si nos perjudicará más o menos mantenernos "frente al sistema", frente al mundo. "No se preocupe, aquí, en este colegio, no se les va a dar nada malo, nada perjudicial, para eso ya estamos nosotros..." Pero estamos aceptando que el Estado, es decir, fuerzas políticas en muchos casos ateas, enemigas de Dios y del Evangelio, y por tanto de la verdadera humanidad, se arrogen el derecho de "formar las conciencias" de nuestros hijos, y evaluen (es decir, premien-promuevan-favorezcan ciertas "actitudes": actos, y castiguen-repriman-ataquen-persigan otras). Sin embargo, es a los padres a quines nos corresponde por derecho natural, es decir, por encargo del Creador, la custodia y tutela de la formación de nuestros hijos. Y eso es un principio, y con los principios no se negocia, no están en venta, no tienen precio. Vender los principios es vender la propia dignidad, además de una traición al que por redimir nuestras personas y levantarnos a la dignidad de hijos de Dios, dio su vida. Vender los principios es vender la Verdad, es vender a Jesús.
Es posible que en su astucia, aparentemente no nos cueste nada si desistimos, como a aquel anciano del Antiguo Testamento al que las autoridades de su tiempo le querían hacer comer carne sacrificada a los ídolos, prohibida por la Ley. Llegaron a ofrecerle que no la comiera, que con que hiciera como que la comía, le perdonarían la vida. Y su respuesta es válida hoy para nosotros, católicos que creemos en el Dios Vivo y en su Palabra (2 Mac, 6, 23-28): "---¡Enviadme al sepulcro! No es digno de mi edad andar fingiendo. Muchos jóvenes van a creer que Eleazar, a los noventa años, se ha pasado a las costumbres paganas, y si miento por un poco de vida que me queda se van a extraviar con mi mal ejemplo. Eso sería manchar y deshonrar mi vejez. Y aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no escaparía de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente me mostraré digno de mis años y dejaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable ley."